
¿Qué sería de la jornada del 6 de enero sin el
tradicional Roscón? Es un hecho incuestionable que el Día de
Reyes ya no se concibe sin los regalos que traen Sus
Majestades los Magos de Oriente y sin este delicioso postre,
que acumula en su haber una tradición de más de 500 años. El
secreto del sabor inigualable del Roscón está en una
exquisita mezcla de harina, levadura, azúcar, mantequilla,
huevos, ralladura de cítricos, agua de azahar, frutas
escarchadas y almendras.
Su origen es, para muchos, incierto. Según Esteban
Fernández, de la Asociación Empresarial de Pastelería
artesanal de la Comunidad de Madrid, el mayor promotor de
este dulce fue el rey francés Luis XV. Cuenta la historia
que el cocinero de la Corte, de origen eslavo, quiso
agasajar al Monarca el día de la Epifanía con un roscón
tradicional de su tierra, pero con una sorpresa en su
interior: un medallón de diamantes que compró gracias a la
colaboración de otros miembros del servicio.
Mientras que la tradición se perdía en Europa del Este, Luis
XV quedó encantado con el invento y se dedicaría a
propagarlo, con una moneda en su interior como
sorpresa, entre la aristocracia francesa y europea. Así fue
como, a lo largo del siglo XVIII, llegaría a España, donde
recibió una excelente acogida. Pronto la costumbre pasaría
de los nobles al pueblo llano, siendo Madrid y Sevilla
importantes baluartes de esta obra maestra de la repostería.
Poco a poco, todo el país y sus colonias (sobre todo México)
se fueron dejando seducir por su sabor único.
Moneda, haba y figura
Aunque Luis XV es una personalidad muy nombrada a la hora de
hablar del origen del Roscón, no todos los expertos le
designan como promotor. Otros estudiosos creen que fueron
los romanos, que celebraban a principios de año una fiesta
en honor al dios Jano, en la que se comían pasteles con un
premio dentro. La fiesta de Le Roi de la Fave, una
celebración francesa que data del siglo XI, sería una
recuperación de la antigua festividad romana.
En este caso, la celebración consistía en introducir un
haba dentro de una rosca dulce. Quien encontrase el haba
de la suerte sería coronado Rey por un día. Sin embargo, el
Roscón de Reyes llegó a España sin la legumbre: la sorpresa
consistía exclusivamente en la moneda. Esteban Fernández,
representante de los pasteleros artesanos madrileños, achaca
a los reposteros catalanes la reaparición del haba. La judía
simboliza la regeneración, el resurgir de la vida, el año
nuevo.
Respecto al premio, en Cataluña la moneda se iría
sustituyendo por una figurita, una tendencia que se
acabó extendiendo a casi toda España. Según la tradición, la
persona que recibe en su pedazo de Roscón la figurita,
tendrá suerte durante el año nuevo, ya que los Reyes Magos
le conceden protección. Por su parte, el que recibe el haba
tendrá que pagar el postre.
Con o
sin relleno
Actualmente el Roscón constituye un dulce típico de las
fiestas navideñas que, con ligeras variantes, se come en
distintos países de tradición católica (México, Portugal,
Francia). En España es difícil imaginarse la jornada de la
Epifanía sin un pedazo de este bollo tras la comida familiar
de Reyes, aunque la forma de comerlo ha ido adaptándose
progresivamente a los gustos del consumidor.
Un ejemplo son los diversos rellenos. En las pastelerías
podemos encontrar roscones tradicionales, con la masa de
siempre, y roscones rellenos, normalmente de nata o trufa,
o bien de crema pastelera o cabello de ángel, todo depende
de los gustos del público. De hecho, como una innovación
más, también se comercializan roscones rellenos de crema de
castañas (o marrón glacé).
El relleno de nata se generalizó a partir de los años 50 y
60. Anteriormente, aunque se conocía, no se utilizaba para
repostería porque se carecía de los instrumentos adecuados
de conservación. La buena aceptación de esta variedad es un
hecho: según datos de la Asociación de pasteleros de la
Comunidad de Madrid, entre un 30 y un 40% de la producción
de Roscón se vende relleno.